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Dinastía Julio-Claudia (27 a. C. - 67 d. C.)

Augusto parecer ser el principal artífice del nuevo sistema político romano, el régimen imperial, que durante cinco siglos (27 a. C. - 476 d. C.) permaneció vigente en el mundo romano.

El Imperio heredó del imperialismo republicano una amplia base territorial. En menos de un siglo Roma pasó del mero control político sobre los territorios conquistados a su anexión e incorporación como provinciae de pleno dominio romano. 

 

La dinastía Julio-Claudia comprende cinco emperadores: Augusto (27 a. C. -14 d. C.), Tiberio (14-37), Calígula (37-41), Claudio (41-54) y Nerón (54-68). 

Augusto (27 a. C. – 14 d. C.) y la construcción del Imperio

 

Octavio fue el gran vencedor del Imperio tras más de un siglo de revueltas. Después de vencer a Marco Antonio y Cleopatra, gobernó durante un largo período de relativa calma e instauró una nueva edad de oro. 

 

Tras la victoria sobre Marco Antonio en Accio (31 a. C.) y su posterior muerte en Alejandría junto con Cleopatra, Octavio se convirtió en el primer ciudadano del Estado y en el único jefe político con capacidad para mandar sobre todo el ejército romano.

En enero de 27 a.C. Octavio recibe del Senado el nombre de "Augustus", una nueva denominación oficial que recogía la grandeza de sus actos. Como procónsul y cónsul tenía a su cargo la política exterior y la administración estatal, la autoridad sobre los demás magistrados y la convocatoria del Senado donde había alcanzado el título de "princeps senatus", la figura de mayor jerarquía en la institución. Su autonombramiento como "imperator" le situaba como jefe supremo de las legiones. Sin embargo, la tradicional constitución romana no fue suprimida ni transformada por lo que su "dictadura" estaba cargada de legalidad. Este período se denomina el principado de Augusto.

 

Restauración e innovación son dos características de la obra política de Augusto. Podría decirse que todas las medidas puestas en práctica fueron encaminadas a una recuperación de viejos valores republicanos o bien hacia la implantación de nuevas ideas en la sociedad romana. Su obra política, por tanto, se enmarca entre estas dos tendencias, procurando establecer un equilibrio entre los grupos prorrepublicanos y los promonárquicos.

 

Para tal empresa Augusto estuvo rodeado de un importante grupo de colaboradores: políticos como Agripa y Mecenas; historiadores como Tito Livio; intelectuales como Mecenas, Horacio, Virgilio… Grandes nombres de las artes y las letras que permitieron a los contemporáneos la denominación de su propio tiempo como saeculum aureum.

También conviene destacar la fiebre arquitectónica que se vivió especialmente en Roma, con la restauración y la edificación de un amplio número de templos, basílicas, pórticos, un nuevo foro – Forum Augusti- para la capital imperial o el famoso teatro Marcelo que todavía hoy se contempla en parte.

 

Los últimos años de la vida de Octavio estarán determinados por la búsqueda de un sucesor. Los herederos con mayores posibilidades eran sus nietos Gayo y Lucio César, hijos de Julia y Agripa. Pero estos jóvenes fallecen entre el año 2 y 4 de nuestra era. Octavio no tiene más remedio que delegar su sucesión en su hijo adoptivo Tiberio. Para evitar que la familia Julia se alejara del poder, obligó a Tiberio a adoptar a Germánico, nieto de Octavia por su madre.

 

Augusto falleció en la Campania, el 15 de marzo del año 14, a los 77 años de edad, después de una bronquitis. Su cadáver fue portado por toda Roma a hombros de los senadores siendo quemado en el Campo de Marte. Tras su muerte vendría su divinización por el pueblo.

Augusto prima porta

Augusto prima porta, estatua idealizada de Augusto. Retrato de cuerpo entero del emperador, personificado como thoracatus, vestido de militar y con una rica coraza, que contiene relieves alusivos a diversos dioses romanos. Augusto aparece en pie, sosteniendo un bastón de mando consular y levantando la mano derecha, mostrando a sus tropas la corona de laurel del triunfo.

Reformas de Augusto

Augusto creó un impacable cuerpo de guardaespaldas personal, lo que se conoció como la guardia pretoriana, para asegurarse su propia seguridad y autoridad, aunque su éxito se debió básicamente a su moderación. 

 

Con Augusto el Senado quedó reducido a 600 senadores, cuantía que se mantendría con leves fluctuaciones durante varios siglos. Como compensación, Augusto otorgó fuerza de ley a las decisiones del Senado (senatusconsultum) y capacidad jurisdiccional para llevar a cabo ciertos procesos de sus miembros. En cuanto a las provincias, éstas se dividieron, según su régimen administrativo:

     Las provincias imperiales eran las que estaban bajo el exclusivo “imperium” de Augusto. Disponían de legados personales del Princeps (legati augusti propraetore). Si las provincias eran de importancia y contaban con legiones estacionadas, eran ocupadas por antiguos cónsules o pretores. Las más reducidas contaban con simples procuradores ecuestres.

Es excepción el gobierno de Egipto. Consideraba como propiedad personal de Augusto, se hizo representar por un prefecto ecuestre a la manera proconsular tardo-republicana asistido de comandantes de legiones.

    Las provincias senatoriales oficialmente pertenecían al pueblo romano. Eran administradas por el Senado y gobernadas por procónsules elegidos por sorteo entre los consulares (Africa y Asia), y pretores (el resto). Los cónsules tenían a su lado cuestores, propretores y procuradores imperiales para las finanzas y administración.

 

Muchas ciudades provinciales adquirieron el status de privilegiadas y eran organizadas siguiendo el modelo de la ciudad de Roma. Las oligarquías locales constituían el Senado y desempeñaban magistraturas locales. No se podían tener dos ciudadanías. La ciudad a través de la cual se tenía la ciudadanía indicaba el origen.

Los distritos mineros, las salinas y algunos dominios agrarios, propiedad del emperador o del fisco, quedaron separados del territorio de las ciudades y recibieron una administración particular a cargo de los procuradores imperiales. También estaban separados los territorios asignados a las ciudades militares, los prata.

      Respecto a la ciudad de Roma, Augusto dividió el conjunto de la ciudad en regiones (regio) y en barrios (vicus). Determinó que las primeras serían administradas por magistrados anuales nombrados a sorteo, mientras que los segundos eran elegidos por los convecinos de cada barrio.

Creó guardias nocturnos y vigilantes contra incendios. Mandó limpiar y ensanchar el cauce del Tíber. Reconstruyó los templos y los decoró suntuosamente. Como obras nuevas hizo el Templo de Marte, el de Júpiter Tonante y Feretrio, el de Apolo, el de Quirino, el de Minerva, el de Juno Reina, y muchos más. El programan urbanístico de Augusto en Roma se corresponde con la creación de foros suntuosos y la mejora de las condiciones urbanísticas de muchas ciudades provinciales.

La reforma militar

 

A raíz de Accio, Augusto tomó las primeras medidas sobre su ejército. Primero buscó un ejército más fiel, y segundo reducir sus efectivos. Así, en el año 28 a. C. quedaron 28 legiones, lo que las tropas pasaron a tener entre 130.000-150.000 legionarios. Esto incrementó las tropas auxiliares (alas y cohortes).

Los miembros de las tropas auxiliares no eran ciudadanos romanos y por eso se reclutaban entre las comunidades provinciales que tenían derechos federadas o libres. Estas tropas formaban alas de caballería o cohortes de infantería.

La reforma de Augusto incluía una nueva reglamentación: los años de servicio obligatorio eran 16 para los pretorianos, 20 para los legionarios y 25 para las tropas auxiliares. Durante el servicio militar no se podía contraer matrimonio.

En cuanto a su sueldo, el soldado solo recibía para su libre administración el sobrante después de haberle descontado la comida, los gastos en fiestas comunes y otros gastos. También se les concedían incentivos y si había campañas importantes el botín de guerra, pero si no había nada, la vida del soldado podía llegar a ser precaria. Al final de sus años de servicio, los veteranos recibían pequeños lotes de tierra que les permitía subsistir, o bien una cantidad económica. Los miembros de las tropas auxiliares fueron recibiendo la ciudadanía romana.

La religión

 

La época de Augusto fue la del “siglo de oro” de la literatura latina. Las obras arquitectónicas, escultóricas y literarias fueron manifestaciones de un programa que tendió a recuperar los valores del pasado romano bajo el amparo de los dioses del panteón romano.

Augusto ocupó el mayor cargo sacerdotal, el pontificado máximo, y también formó parte de otros colegios sacerdotales. Tenía una gran devoción por Apolo al que erigió un templo en sus dominios privados del palatino. Este templo sirvió de lugar de sesiones del Senado y terminó siendo el depositario de los Libros Sibilinos. 

Pero la creación de mayor transcendencia fue el culto imperial. De carácter político, se organizó para dar culto a los emperadores muertos o divinizados, así como a los vivos y a sus mujeres.

       

 

Ara Pacis de Augusto

Ara Pacis (9 a. C.) Altar y monumento dedicado a la diosa Pax. Obra de escultores griegos, es clave para comprender la política, la ideología y el arte de la época de Augusto. Ricamente decorado con escenas alegóricas del nacimiento de Roma y el mito de Eneas, progenitor de la gens Iulia, nos presenta una procesión donde desfilan todos los miembros de la familia del príncipe, entre los que está el propio Augusto vestido de pontífice máximo. 

 

Los sucesores de Augusto. La dinastía Julio-Claudia

 

La transmisión de poder se realizó dentro de la familia de Augusto, pero no como él había planeado. Tras la muerte de sus nietos, Lucio y Gayo César, hijos de Julia y Agripa, la sucesión recaía en Tiberio, hijo de Livia, adoptado por Augusto. Suceden a Tiberio otros tres príncipes descendientes de Augusto, por lo que su poder se basa y legitima en la pertenencia a esta familia. Pero esto no será suficiente para vencer la resistencia de los grupos dirigentes romanos más tradicionales.

Así, los príncipes julio-claudios tuvieron que elaborar toda una “teoría política” basada en el culto imperial y en la ideología y el concepto del poder monárquico, para legitimar el poder imperial romano.

 

Tiberio

Tiberio (14 – 37)

 

Tras la muerte de Augusto en el 14 d. C. fueron los miembros de su familia – la Julio-Claudia – los que le sucedieron en el trono: Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.

 

Tiberio (Tiberius Caesar Augustus), hijo de Livia, la segunda esposa de Augusto, fue adoptado por éste. Hombre de notables aptitudes militares, brilló como general en las campañas de Germania, Dalmacia  y Panonia, a causa de su carácter arisco, acabó por enemistarse con Augusto y marchó a un exilio voluntario a Rodas.

Su gobierno está caracterizado por la contradicción, reflejo de su personalidad. El Senado le otorgó las mismas prerrogativas que a su antecesor. Pero los complots que se producían de manera regular, lo motivaron a fortalecer las bases militares del Imperio, estableciendo a los pretorianos en Roma. El jefe del pretorio, Sejano, se convertía en el personaje más importante tras el emperador. Cuando Tiberio se trasladó a Capri en el año 26, abandonando el poder para entregarse a los placeres, éste recibió el gobierno. Sejano utilizó su posición para reprimir duramente a sus enemigos políticos e incluso asesinar a Druso, el hijo de Tiberio, para facilitar así su propio camino al trono. Desenmascarado por Tiberio, regresa a la vida pública y Sejano será condenado a muerte y ejecutado (año 31)

 

 

Tiberio (14-37) Sucesor de Augusto. Fue considerado como un tirano por los ciudadanos y pasó gran parte de su reinado alejado de Roma, en la isla de Capri.

Respecto a la religión, como los emperadores posteriores, Tiberio era el máximo responsable de la supervisión de la religión romana desde el cargo de Pontifex Maximus, quien garantizaba la cohesión entre la religión y el poder político. La política religiosa de Tiberio se constata en su falta de permisividad ante la práctica de cultos extranjeros en la ciudad de Roma. Persiguió a magos y adivinos, y prohibió el culto a Isis, que contaba con muchos seguidos, además de expulsar a los judíos de la ciudad.

Al morir, Tiberio dejó a su sucesor, Calígula, una institución imperial consolidada, con las arcas llenas y las provincias en paz.

Calígula (37 – 41)

 

Tiberio no tomó las previsiones de una transmisión anunciada de su poder. Así, Macro, el prefecto del pretorio, depositó su confianza en Calígula y consiguió, con el apoyo de las tropas, que el Senado reconociera al nuevo emperador.

Caius Caesar Augustus Germanicus, ha sido conocido por el apodo cariñoso de botita (Calígula), que le dieron los soldados de su padre, Germánico. Con la forma de su elección se había sentado un precedente, que se repetiría en otras ocasiones: la guardia pretoriana apoyaría al emperador dispuesto a concederle mayor autoridad y mejores compensaciones económicas.

 

Calígula asciende al poder en el año 37. Parece ser que los primeros meses de su reinado fueron óptimos: respetó al Senado, devolvió a la Asamblea popular el derecho a elegir a los magistrados, decretó amplias amnistías para los que habían sido condenados en tiempos de Tiberio y organizó grandes espectáculos circenses.

Sin embargo, las cosas cambiaron de manera dramática tras una grave enfermedad, donde comenzó a desvelar la imagen del perverso tirano, mostrando signos de cierto desequilibrio mental que le llevaron a exigir honores divinos y desear que su caballo favorito fuera nombrado senador. Quizá su mente no estuviera tan dislocada y todo fuera producto de la orientalización que se estaba produciendo en el Imperio y de la conversión del principado en monarquía.

 

 

Calígula

Calígula (37-41) Sucesor de Tiberio. Tras contraer una enfermedad mental, se convirtió en un emperador cruel y caprichoso, que llegó a proclamarse un dios viviente. 

Bajo Calígula se rompió el equilibrio de las relaciones entre el emperador y el Senado. Los senadores comenzaron a ser tratados como miembros de una corte oriental y fueron obligados a presentarse con humildad, respeto y distancia ante su emperador. La caída en desgracia podía acarrear tanto la muerte o el exilio como la privación de las distinciones o símbolos de prestigio familiares.

 

Su política exterior fue un reflejo de las pulsiones orientalizantes que marcaron su vida: aumentó el número de reinos vasallos en Oriente, al tiempo que reducía la autonomía de los territorios occidentales. Su gobierno fue un cúmulo de despropósitos: vació las arcas del Estado y ensayó un modelo de despotismo oriental.

      El régimen de terror impuesto por Calígula motivó la organización de un complot en el año 39, pero los promotores fueron descubiertos y el emperador acentuó la política de terror. Esto hizo que se formara una nueva conjura en el 41 que tuvo más éxito. Calígula fue asesinado por miembros de la guardia pretoriana de conformidad con un amplio grupo de senadores; su mujer y su hija sufrieron la misma suerte. Los pretorianos tomaron a su tío Claudio para proclamarlo emperador y el Senado accedió.

Claudio (41 – 54)

 

Cuando Calígula murió asesinado, los pretorianos encontraron escondido en palacio al tio del emperador, Claudio, apartado de la posible sucesión por su torpeza (era cojo, epiléptico y tartamudo), y por la amnesia permanente que le afectaba. Pero era hermano de Germánico y eso fue suficiente para que los pretorianos le designaran emperador.

Claudio ascendió al poder cuando contaba con 50 años, y se pensó que podría ser alguien manejable. Pero se reveló entonces como un hombre inteligente y un emperador capaz: amante de las tradiciones romanas, restableció el modelo administrativo de Augusto, repudiando el absolutismo en favor de una mayor colaboración con el Senado. Extendió la ciudadanía romana entre los provinciales.

 

En el terreno exterior, impulsó la conquista de Britania (la actual Gran Bretaña) entre el 43 y el 47, así como la anexión definitiva al Imperio de Mauritania (norte de Marruecos y Argelia) y los territorios orientales de Licia, Panfilia, Judea y Tracia (43-46).

 

 

Claudio

Claudio (41-54) Sucesor de Calígula. Durante su mandato trajo la paz a Roma tras los excesos de Calígula y los juicios por traición de Tiberio. 

Una de las lacras del reinado de Claudio fue la influencia que sus mujeres ejercieron en los asuntos de gobierno. Se casó cuatro veces. Su tercera mujer, Mesalina, le ridiculizó públicamente con su escandalosa promiscuidad, hasta que se decidió a ejecutarla en el 48.

Casado luego con su sobrina Agripina (que a la vez era biznieta de Augusto), ésta le convenció para que designara sucesor a Nerón (hijo de un matrimonio anterior de Agripina), en lugar de Británico (hijo de Mesalina y -supuestamente- del propio Claudio). Conseguido su objetivo, Agripina envenenó a su marido y vio acceder a su hijo Nerón al Trono imperial.

Nerón (54-68) Sucesor de Claudio. Último emperador de  la Dinastía Julio-Claudia.

Los cinco primeros años de su reinado fueron tranquilos, pero tras ordenar asesinar a su madre en el año 59 empezó a convertirse en un tirano sin escrúpulos.

Nerón (54 – 68)

 

Nerón fue el último emperador romano de la dinastía Julio-Claudia. Era hijo del primer matrimonio de la cuarta mujer de Claudio, Agripina.

    Agripina convenció a Claudio para que adoptara a Nerón en el 51, señalándole como heredero de la diadema imperial (en lugar del que se suponía su propio hijo, Británico, nacido del matrimonio con Mesalina); para fortalecer su posición casó a Nerón con otra hija de Claudio, Octavia, en el 53; y, finalmente, asesinó al emperador en el 54, dejando el camino libre para su hijo. Éste fue proclamado emperador con sólo 17 años por la guardia pretoriana, dirigida por el prefecto Burro.

 

El reinado de Nerón se inició bajo la influencia de Burrus, jefe de la guardia pretoriana y del filósofo Séneca (educador y hombre de confianza del emperador). Sus primeros años de gobierno fueron bastante positivos. Pero en el año 55 moría Británico en extrañas circunstancias, y pronto empezaron a surgir dos grupos de presión en la corte: por un lado Burro y Séneca y por otro Agripina. Dos mujeres influían en el emperador: su esposa Octavia vinculada con Agripina, y su amante Ates, ligada a Burro y Séneca.

 

Pero Nerón conoció a Popea Sabina quien le incitó a divorciarse de su esposa para casarse con ella. Al obstaculizar Agripina el divorcio Nerón la hizo matar en el año 59.

Casado con Popea y abandonado por Séneca, el emperador inició una etapa de gobierno caracterizada por los desmanes, el libertinaje y las pasiones teatrales.

 

 

Embarcado ya en un despotismo delirante, Nerón cometió toda clase de atrocidades y extravagancias: hizo arder la ciudad de Roma para reconstruirla a su gusto (año 64); desató persecuciones contra los cristianos acusándoles de ser los culpables del incendio; intentó ganarse al pueblo con espectáculos y regalos en los que arruinó el tesoro imperial.

El régimen de terror que implantó, con numerosas condenas y confiscaciones, motivó la organización de un complot dirigido por Calpurnio Pisón y en el que participaron algunos jefes pretorianos. El complot fue descubierto y castigado (año 65).

 

En las provincias empezaron a estallar revueltas como en Britania o Judea. Pero será en las provincias de Hispania y Galia donde se geste el golpe de Estado que acabará con el gobierno de Nerón.

Así, en el año 68 se rebelaban contra él los gobernadores de las Galias (Julio Vindex), la Hispania Citerior (Galba) y Lusitania (Otón). Los pretorianos se vincularon al movimiento y el Senado depuso a Nerón, declarándolo fuera de la ley. El emperador huyó de Roma y se suicidó, o se hizo matar por un esclavo, en una de sus villas.

 

La muerte de Nerón dio paso a un año de confusión en el que pugnaron por el poder cuatro emperadores (Galba, Vitelio, Otón y Vespasiano).

 

 

 

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