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​ Mesopotamia

Mesopotamia puede considerarse la cuna de la civilización. Aquí comenzaron la agricultura intensiva, la industria, el urbanismo y los gobiernos nacionales, además de numerosas innovaciones en tecnología, matemáticas, derecho y ciencias que surgieron a partir del establecimiento de las primeras sociedades sedentarias.


El nombre de Mesopotamia (literalmente “la tierra entre ríos”) fue dado por los griegos a la región que se extiende por los cauces fluviales del Éufrates y del Tigris, en lo que hoy es el sur de Iraq, donde a lo largo de 5.000 años florecieron las primeras sociedades culturalmente avanzadas.

El período entre los años 3000 y 539 a. C. abarca varias civilizaciones diferentes, unas controlando regiones pequeñas, mientras que otras ejercían su poder sobre inmensos territorios.

 

Mesopotamia estuvo gobernada por varias dinastías no nativas, pero todas coincidieron en preservar y adoptar la cultura que encontraron en lugar de la suya originaria. La historia de esta nación comienza  con el asentamiento de pequeñas ciudades, su unificación bajo un poder centralizado, el consiguiente colapso de ese Estado ante la influencia de presiones externas y después el reestablecimiento de una potencia unificada. 

         A partir de 1800 a. C. aprox. Mesopotamia estuvo dividida en Babilonia (sur) y Asiria (norte), y las relaciones entre ambas oscilaron entre la coexistencia pacífica y el conflicto bélico abierto. A partir de 780 a. C., Asiria se impuso sobre su vecina y pasó a controlar un imperio que se extendía desde el golfo Pérsico hasta el Mediterráneo y el sur de Asia Menor.
Pero en 612 a. C. el Imperio asirio había dejado de existir, con Babilonia como potencia dominadora de Oriente Próximo. Fue el período de Nabucodonosor y Baltasar, que llevaron a Babilonia a su máxima esplendor, poder y por último, decadencia. En 539 a.C. los persas conquistaron la ciudad y Mesopotamia dejó de existir como entidad independiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 



Mapa de Mesopotamia

Será en la llanura aluvial de la Mesopotamia meridional donde se alumbró por primera vez una forma de vida compleja y urbana que llamamos “civilización”. La aparición de las ciudades trajo consigo una mayor eficacia tecnológica y organizativa y con ello la creación del Estado y la consolidación de las desigualdades sociales.

 

Partiendo de los primeros nómadas neolíticos, el crecimiento de las primeras ciudades-estado en el III milenio a. C. con Sumer, llevó a la aparición del primer imperio, el Imperio acadio y con él la unificación política de Mesopotamia. Con el fin del Imperio acadio llegará la época neosumeria  o Renacimiento sumerio y el Imperio de Ur (III Dinastía de Ur).

 

En la primera mitad del II milenio a. C. aparece la crisis de las ciudades y el fraccionamiento político, donde una serie de ciudades, Isin, Larsa, Mari,… se disputan la hegemonía.

 

Aparición de Asiria y Babilonia, ésta última conseguirá la reunificación de Mesopotamia bajo el Imperio de Hammurabi. Así, lo que llamamos Mesopotamia constituía un sistema geocultural en equilibrio relativamente estable entre cuatro puntos de tensión, articulados en dos ejes:

 

a) Eje norte-sur:

   - en el III milenio a. C.: Sumer (al sur) y Akkad (al norte)

   - en los milenios II y I a. C.: Babilonia (al sur) y Asiria (al norte)

 

b) Eje este-oeste:

   - Elam (al este) y Siria (al oeste)

 

Si Sumer y Akkad primero, y luego Babilonia, con su satélite Asiria, constituyeron el núcleo de la civilización mesopotámica, otras regiones fueron a su halo. En la franja oriental, Elam tiene una historia casi tan larga como la misma Mesopotamia. Al oeste, el Éufrates es la vía abierta hacia la penetración en Siria: Ebla y Mari en el III milenio a. C. , luego Alalah y Urgarit en el II milenio, serán los hitos de una simbiosis siro-mesopotámica poderosa, que irradiará sobre el Mediterráneo oriental; el dialeto semita-acadio - la lengua oficial babilónica - fue la lengua franca del comercio y la diplomacia del Mediteráneo al Irán, sin suplantar las numerosas lenguas autóctonas de las demás regiones.

 

Al norte, los hititas en Anatolia, y los hurritas y urarteos, en el Cáucaso meridional, fueron civilizaciones híbridas profundamente marcadas por la intesa influencia mesopotámica, comenzando por el uso de la escritura cuneiforme y los préstamos institucionales y lingüísticos. 

  

 

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