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Imperio Antiguo (2686-2181 a. C.) 

El Imperio Antiguo está integrado por las dinastías III a la VI. Con la Dinastía III comienza el Imperio Antiguo. En este momento, el Egipto unificado desde la 1ª catarata hasta el Mediterráneo es una monarquía de derecho divino. Su territorio agrícola ya está constituido, la religión está definida en sus rasgos fundamentales, y se han adquirido también la escritura, el arte y la técnica.

 

Esta época constituye la base de su civilización y el punto de partida necesario para la construcción de un imperio. Contra el tópico de su aislamiento, Egipto se vio obligado pronto a traspasar sus límites naturales por razones económicas, dado que el país –como Mesopotamia- era dificitario en madera, piedra y minerales. Para cubrir estas necesidades básicas de desarrollo el Estado organizó expediciones oficiales encargadas de adquirir estos productos en el extranjero, donde se establecieron relaciones comerciales más o menos estables con los países de su entorno. 

      Durante este período se consolidó la estructura estatal y se configuró un sistema sociopolítico basado en la figura del rey-dios. De los faraones “servidores de Horus” de época tinita se pasó a los reyes “hijos” del dios correspondiente: Re, de Heliópolis, en esta época. 

 

La Dinastía III logró reforzar su autoridad y, después de unificar Egipto, preparó el terreno para la explosión civilizadora de la dinastía IV, que marcó el apogeo del Imperio Antiguo. Durante este período se construyeron las pirámides y Menfis brilló con todo su esplendor.

Dinastía III (2686-2613 a. C.)

 

El fundador de la Dinastía III es Sanajt-Nebka, aunque el auténtico iniciador del Imperio Antiguo es Dyoser, con quien se producen una serie de cambios que señalan el origen de la época de gran esplendor de la monarquía menfita. El primero de estos cambios, que determinará los siguientes, es la eclosión de un nuevo dios, Re, presidiendo el panteón egipcio, y que fue adoptado por la monarquía a partir del reinado de Dyoser, asociándolo oficialmente al culto real, que  traduce a partir de este momento la centralización política en torno al faraón. 

 

El monarca, identificado con el dios supremo del panteón, era el jefe religioso de Egipto. También dominaba el aparato de Estado, integrado por un ingente número de funcionarios, reclutados de entre una naciente clase de letrados. El visir era el más alto cargo de la administración egipcia y se encargaba de los asuntos centrales del gobierno. También estaban los gobernadores territoriales o nomarcas, encargados de la administración “provincial”.

 

A Djoser le sucedió Sejemjet y a éste Jaba. El último representante de la dinastía fue Huni. Tras el reinado de Huni quedaron dispuestos todos los cimientos para el gran cambio ideológico y formal que sufriría la monarquía durante la IV dinastía. En cuanto a política exterior, los reyes de esta dinastía fueron los que iniciaron la colonización sistemática del Sinaí y de la Baja Nubia, atraídos por los importantes recursos naturales de estas regiones.  
 

 

Dinastía IV (2613-2494 a. C.)

 

La eficacia del estado de la Dinastía IV tiene su máxima expresión en la construcción de las pirámides. En las necrópolis de Guiza y Saqqara se enterraron los faraones y la nobleza cortesana, reflejando el conjunto de la corte de Menfis, donde se concentraba la vida social y política del país.

 

El fundador de la dinastía es Esnofru (2613-2589), que sucedió a su padre Huni, último rey de la III Dinastía. El gobierno de Esnofru fue brillante, iniciándose con él las grandes construcciones del Imperio Antiguo. Se hizo edificar dos pirámides en Dashshur – la romboidal y la roja - , y ordenó terminar la de Meidum – la falsa pirámide (construida por su padre Huni). Esnefru fue innovador, pues abandonó la idea de la pirámide escalonada y pasó a construir una pirámide de caras lisas. La dominante estelar de la ideología de la realeza había quedado relegada por la ideología solar. 

      Asimismo, efectuó otras construcciones y trabajos como fortalezas, templos, palacios, estatuas. La necesidad de materiales de construcción le hizo emprender expediciones en Fenicia. Guerreó en Nubia, en Libia y contra los beduinos del Sinaí, obteniendo en todas sus campañas gran número de prisioneros y abundante botín. A su muerte, Esnefru fue objeto de culto. 

 

Kheops (Khufu) (2589-2566) hijo de Esnofru y de la reina Heteferes I, fue el segundo rey de la IV Dinastía. La imagen histórica de Kheops fue distorsionada por Heródoto, que lo pinta como un sanguinario tirano, que cerró templos, redujo la población a trabajos forzados y obligó a prostituirse a su hija, obsesionado por acabar la Gran Pirámide. La realidad es que Kheops edificó templos en distintos lugares y que fue venerado por el pueblo egipcio hasta la época romana. Su obra material más significativa es la Gran Pirámide de Gizeh, donde junto a ella se establecieron una serie subsidiaria de mastabas, pertenecientes a la familia real y a altos funcionarios.

 

 

Faraón Kheops

Kheops (Khufu) (2589-2566 a. C.) 2º rey de la Dinastía IV.

Esta obra presenta al soberano con la corona roja del Bajo Egipto y en la mano derecha el flagelo real. Abydos, marfil.
 

 

 

Kefrén (Khafre) (2558-2532) tomó el título de Hijo de Re, siendo el primer faraón que se consideraba de naturaleza humana y divina, lo que no cambió en las siguientes dinastías. 

Kefrén se hizo construir, junto a Kheops, su propia pirámide, y además hizo esculpir en el mismo lugar la llamada Esfinge de Guiza, gigantesca escultura con cuerpo de león yacente y cabeza humana, retrato del mismo Kefrén, que simbolizaba así la identificación de la encarnación de la propia divinidad solar, Re, con el faraón.

 

 

       Puesto que el rey quedaba prácticamente identificado con la divinidad suprema, Re, Kefrén promovió su propio culto, que se convirtió en el culto principal. Los funcionarios estatales se convirtieron en la práctica en sacerdotes del culto real. La religión entraba así al servicio del Estado, y el rey-dios dominaba con su omnipotencia todos los ámbitos de la vida pública de Egipto. 

 

Lo más destacado de su reinado es que en el templo alto de Khafre se aprecian ya todos los elementos que luego serán estándar para este tipo de edificio: un vestíbulo que establece la conexión entre la calzada de acceso y el templo; un salón de entrada; un patio abierto rodeado de un pórtico columnado; cinco nichos para estatuas del rey. También son importantes ideológicamente la gran cantidad de estatuas del soberano que adornaban el edificio y ayudaban a expresar su simbolismo. 

 

 

 

 

Faraón Kheops

Kefrén (2558-2532 a. C. ) Dinastía IV.

Una de las 23 estatuas que adornaban su templo en el valle. Representa al soberano con los rasgos idealizados y rodeado por el halcón-Horus con sus alas extendidas a los lados de la cabeza, asegurando protección y vida.  Giza, Templo del Valle  de Kefrén, diorita negra.

 

Con Kheops la monarquía del Imperio Antiguo alcanzó el punto culminante de su poder. Kheops reforzó el cargo de visir, colocándolo en la cúspide de la administración del Estado, pero al margen de la escala administrativa, lo que aseguraba su independencia frente al creciente poder de los funcionarios. Frente al clero adoptó medidas para acrecentar su control sobre el mismo, eligiendo a los sumos sacerdotes entre sus cercanos parientes, y suprimiendo cualquier privilegio que pudiese subsistir en beneficio del clero.

        Erudito y estudioso de la historiografía sagrada de Egipto y preocupado por el tránsito del Más Allá, hizo que mandara construir la gran pirámide.

Le sucedieron cuatro de sus hijos, pero el segundo y más conocido fue Kefrén.


         

 

Tras el reinado de dos hermanos de Kefrén, subió al trono su hijo Micerinos (Menkaure) (2532-2503), que volvió a abrir los templos y a permitir el culto. Fue un faraón más humano que sus antecesores y construyó una pirámide de menores dimensiones. La tercera pirámide de Guiza, completa el espacio disponible en la meseta, cuyos edificios quedaron cuidadosamente dispuestos sobre ella: la fachada del templo alto de Khafre está alineada con la cara oeste de la pirámide de khufu y la fachada del templo alto de Micerinos está alineada con la cara oeste de la pirámide de Khafre. Estos sitúa a las tres pirámides mayores de tal modo que la línea imaginaria que une sus esquinas sureste está dirigida hacia Heliópolis. Kahfre y Menkaure siguieron haciendo hincapié en la especial relación del soberano con Re.

 

Su sucesor fue Shepseskaf (2503-2498), que abandona la idea de la construcción de pirámides y se entierra en una gigantesca mastaba en Saqqara.

Dinastía V  (2494-2345 a. C.)

 

Userkaf (2494-2487), fue el primer monarca de la Dinastía V. Ascendió al trono al casarse con Hentaues, hija de Micerinos. Durante su reinado y el de sus sucesores directos, además de la visible relevancia del culto al sol, la Administración y la economía del país sufrieron notables ajustes encaminados a ir aumentando el control del soberano.

 

Si durante la IV dinastía el objetivo de la monarquía fue la incorporación del Delta como zona productora de bienes, ahora le toca el turno a la región del Medio Egipto. Se trata de la región situada entre el nomo IX y el XVI. La monarquía puso su empeño en explotar el mayor número de tierras posibles, por lo que decidió enviar a administradores permanentes a las distintas capitales de provincia. Estos nomarcas ya no serían funcionarios itinerantes como lo fueron durante la IV dinastía, sino que ahora residirían y se enterrarían en la ciudad que les habían encargado gobernar. 

 

Faraón Userkaf

Userkaf (2494-2487) Primer faraón de la Dinastía V. 

Con el cambio de dinastía se produce la separación del culto de Re con respecto al culto funerario. Así, a partir de Userkaf se incorporó un nuevo elemento a los complejos funerarios de los reyes de la V Dinastía, un templo solar, además de su templo funerario y su pirámide, de dimensiones menores. El elemento principal de estos complejos es un gran obelisco situado sobre un pedestal y precedido por un altar, todo ello en medio de un gran patio delimitado por un muro rectangular, en el interior del cual había almacenes y habitaciones decoradas. El resto de edificios que componen el templo son: un templo bajo, una calzada de acceso y un templo alto, igual que los templos funerarios reales.

 

Tras Userkaf ocupa el trono Sahure (2487-2475), desconociéndose el vínculo que tenían. El nuevo monarca erigirá su complejo funerario en la necrópolis de Abusir, al norte de Saqqara. 

El lugar era importante para los faraones que hicieron del culto solar un elemento destacado de su ideología, porque se trata  del punto más meridional desde el que se puede ver Heliópolis. Este monarca continuó la política de sus predecesores explotando minas y canteras, y estableciendo relaciones comerciales con el extranjero. 

 

Le sucede Neferirkare (2475-2455), cuyo gobierno destaca por haber proporcionado un excepcional conjunto de documentos: los Papiros de Abusir. Encontrados en las habitaciones de su templo alto, se trata de los restos del archivo administrativo que han permitido averiguar el funcionamiento de estas instituciones, encargadas  de dirigir y mantener el templo y la pirámide, con las obligaciones, ofrendas, inventario del equipamiento del templo o cartas.

 

Uno de los reyes más importantes de esta dinastía fue Djedkare Izezi (2415-2376), que reinó cerca de 40 años. Destaca por su reforma de la burocracia estatal; creó una administración para el Alto Egipto, con la capital en Abydos, para afianzar sus lazos con la corona. Durante su reinado creció el culto a Osiris, que era adorado en Abydos. Eso pudo tener alguna relación con el equilibrio de poder entre el sur y el norte, entre Abydos y Heliópolis, el centro del culto solar. De hecho, este monarca no edificó templos al Sol. Este faraón abandonará la necrópolis de la dinastía en Abusir para volver a Saqqara. El último faraón de la Dinastía V fue Unis (2375-2345). Este monarca continuó la tendencia observada durante toda la dinastía: descentralización y aumento del poder de los burócratas y sacerdotes ajenos a la familia real. 

 

La política exterior de la Dinastía V se caracteriza por continuar las directrices de épocas anteriores.  Resaltar la explotación continua y sistemática de las canteras del Sinaí y de Nubia, así como las regulares relaciones comerciales con el puerto sirio de Biblo. Mencionar la primera expedición conocida al País de Punt, situado en la costa meridional africana del Mar Rojo, así como varias expediciones punitivas contra los nómadas de las regiones libias que reportaron abundante botín.
       Se sospecha que en esta dinastía los sacerdotes de Heliópolis comenzaron a adquirir más protagonismo con lo que aumentó el gasto del estado en cultos, como en construcción de templos, como en donaciones al clero. Esto hizo que los templos alcanzaran autonomía jurídica y llegara un momento en que los faraones no pudieron enfrentarse a ellos. Al final de la dinastía volvieron a resurgir los nomos, las administraciones locales y los dioses y tradiciones locales. 

 


 

 

 


 

Dinastía VI (2345-2181 a. C.)

 

Los egiptólogos consideran a la Dinastía VI como la última del Imperio Antiguo, la cual verá el declive de la gran burocracia centralizada del comienzo del Imperio Antiguo.

      El continuador de Unis y primer soberano de la VI Dinastía será Teti I (2345-2323). Si durante la IV dinastía los esfuerzos del faraón se concentraron en la explotación del Delta y durante la V dinastía del Medio Egipto, durante la VI dinastía el objetivo fueron las provincias más meridionales del Alto Egipto, esa unidad geográfica formada por los nomos I al VIII. La explotación del país se realizó mediante el uso de los hwt y de los templos provinciales. Teti I mantuvo la política tradicional de Egipto en Nubia. Fue el primer faraón que hizo una expedición militar a Palestina. 

Según Manetón, Teti I fue asesinado en un golpe palaciego y el trono fue usurpado por un oscuro rey llamado Userkare, el cual reinó durante siete años, hasta que el trono le fue reclamado por Pepi I, el heredero legítimo de Teti I. 

 

 

Pepi I. VI Dinastía

Pepi I reinó durante cerca de cincuenta años sobre un país cada vez menos centralizado. Quizá con la intención de reforzar la base de su poder, el soberano se casó con las dos hijas de un príncipe de Abydos. Le sucede su hijo Merenre el cual hizo construir un canal, preparando así la ocupación de Nubia que había de completarse durante la Dinastía XII.

Le sucedió su hermanastro Pepi II (2278-2184) a quien se le atribuye el reinado más longevo de todos los soberanos egipcios, unos 96 años, por lo que debió acceder al trono siendo un niño. Durante su reinado el poder de los gobernadores aumentó, hasta el punto que los altos funcionarios de la Administración local se convirtieron en “príncipes provinciales”.

      Pepi II será el último soberano que construirá un complejo funerario con pirámide durante el Reino Antiguo. Un elemento clave de su reinado parece haber sido una activa política en Nubia.

 

 

 

Pepi I arrodillado. Esta estatua se caracteriza por la tensión del cuerpo arrodillado, con las manos que ofrecen dos vasos. Es quizás el primer ejemplo de esta manera de representar al rey, subrayando viveza y expresividad . La inscripción de la base, que describe a Pepi como "hijo de Hathor", hace pensar que la obra se encontraba en el templo de la diosa, en Dendera. VI Dinastía. 

El punto final del Imperio Antiguo lo puso una oscura dinastía, compuesta por un número impreciso de soberanos, que fueron el preludio inmediato al Primer Período Intermedio.

 

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