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Grecia > El Imperio de Alejandro Magno

Alejandro, hijo del rey Filipo II de Macedonia y de la princesa Olimpia, nació el año 356 a. C. La sucesión al trono correspondía a un hermanastro llamado Arrideo, pero éste fue rechazado por su deficiencia mental lo que hizo que Alejandro fuera educado como un príncipe heredero. 

Pronto manifestó una gran afición a la lectura, especialmente los poemas épicos relacionados con los héroes. Imitar a sus héroes se convertirá en una de sus mayores obsesiones. Para su formación fue enviado a la academia de la ciudad de Mieza, y más tarde puesto bajo la tutela de Aristóteles. La doctrina del maestro influirá de manera notable en la forma de actuar de Alejandro. Paralelamente a la formación académica, Alejandro continuó su formación atlética y militar, y será en esta etapa donde conocerá a algunos generales que se convertirán en grandes compañeros de batalla. 

 

Pero Filipo es asesinado durante una ceremonia, lo que planteó el problema sucesorio. En Macedonia no se daba el principio hereditario dentro de la dinastía, sin oque el rey era elegido por un Consejo real y ratificado por aclamación en la Asamblea del ejército.

Las posibilidades para encontrara sucesor a Filipo eran varias. El rey tenía dos hijos: Arrideo, débil mental y Alejandro. Además existían varios parientes al trono: Amintas, sobrino de Filipo y los hijos del aristócrata Aeropo.

Ante las circunstancias y para evitar una guerra civil, Antípatro, el más popular jefe militar de Filipo, indujo a proclamar rey a Alejandro en el 336 a. C. Tenía entonces 16 años.

Sus primeras actuaciones se encaminaron a procurar la desaparición de sus contrincates, así que asesinó a Amintas y a los hijos de Aeropo.

Alejandro III Magno

Alejandro III de Macedonia o Alejandro Magno (356-323 a. C.) 

Adoptó los títulos reales de los lugares conquistados; siendo monarca casi feudal en Macedonia, hegemon en Grecia, faraón en Egipto y señor en Persia-

Alejandro y sus conquistas 

 

Tras la desaparición de Filipo, en Grecia se había replanteado la cuestión de la hegenomía macedonia. Ocupó el lugar paterno en la Anfictionía (confederación de ciudades) de Delfos y en la Liga de Corinto. Tras circular la falsa noticia de su muerte, una parte de Grecia se rebeló contra el poder macedonio; Alejandro llevó a cabo entonces una dura represión. Una vez establecida su autoridad, preparó la gran empresa que ya había proyectado su padre y que le llevaría el resto de sus días; la gran expedición a Asia. Su objetivo iba más allá de la política, pues en sus expediciones participaron geógrafos, astrónomos y botánicos.

 

La figura de Alejandro va estrechamente asociada a la conquista del Imperio Persa. Tras la pacificación de Grecia inició en el 334 a. C. una larga campaña oriental que habría de durar hasta su muerte en el 323 a. C.

Alejandro recorrió desde su partida en Pela, la capital macedonia, casi 20.000 Km. Atravesó todas las regiones que separan el Mediterráneo de la cuenca del Indo, donde detuvo su marcha obligado por el cansancio de sus tropas. Combatió contra poderosos ejércitos persas que le superaban en efectivos y salió victorioso de ellas. Penetró en regiones desconocidas y tuvo que superar terribles pruebas personales, como enfermedades y peligros que pusieron en riesgo su vida, y se vio obligado a afrontar el descontento de sus hombres que se tradujo en una serie de conspiraciones que le costaron la vida a algunos de sus colaboradores más próximos, como el general Parmenión y su hijo Filotas o el historiador Calístenes. Fundó numerosas ciudades y llevó a cabo hazañas prodigiosas que superaban las gestas atribuidas a dioses y héroes. Todo esto significó una profunda transformación del mundo conocido hasta entonces.

 

 

 

La conquista de Asia Menor  

 

Alejandro Magno reunió un formidable ejército, aunque mucho menos numeroso que el del entonces monarca persa Darío III. Nada más desembarcar en tierra asiática (334) Alejandro realizó uno de los muchos gestos simbólicos de que tanto gustaba: clavó su lanza en el suelo y declaró esta tierra objeto de conquista (chora doriktetos). Inmediatamente rindió visita a la supuesta tumba de Aquiles, uno de los héroes a los que deseaba emular, y procedió a la reconstrucción del templo de Atenea en Ilión, la ciudad que ocupaba ahora el solar de la antigua Troya. Tras derrotar a los persas en la batalla de Gránico, donde resultó herido, concedió a Ilión el título de ciudad, otorgándoles la libertad y la exención de impuestos. A partir de entonces, marchó a través de las ciudades griegas de Asia Menor, donde procedió a la liberación política de las tiranías propersas que las gobernaban, restableciendo en ellas la democracia. Pero en realidad las ciudades solo cambiaron de dominador, ya que las guarniciones macedonias sustituyeron a las persas y los impuestos solo cambiaron de manos. Además, las ciudades recibían un trato diferente en función de su actitud frente a la presencia de Alejandro.

Poco después consiguió penetrar en Frigia y Cicilia, con lo que toda Asia Menor quedaba liberada del Imperio.

 

 

 

La conquista de Fenicia y Egipto  

 

Tras atravesar las denominadas “Puertas Cilicias”, un estrecho desfiladero que comunicaba Asia Menor con las llanuras del norte de Siria, Alejandro tuvo que hacer frente a una nueva batalla. Esta vez estaba el propio monarca persa, Darío III Codomano al frente de sus tropas. El combate tuvo lugar en Isos (333) y la victoria de nuevo fue para Alejandro. Se le abría así los caminos que conducían hacia el sur y el este. Alejandro optó por continuar hacia el sur, camino de Egipto, con el objetivo de establecer su control sobre los puertos de la costa fenicia desde los que el imperio persa ejercía su dominio naval.

 

Su entrada en Egipto resultó completamente triunfal. Alejandro apareció ante la población indígena como un auténtico liberador de la tiranía persa. Fue coronado como rey del país y adoptó la titulatura tradicional de los faraones. Mantuvo buenas relaciones con el clero egipcio, que constituía la clave de cualquier intento duradero de dominar el país. En la desembocadura del Nilo, junto a la isla de faros, fundó Alejandría, destinada a tener un singular futuro como gran ciudad depositaria de la cultura griega durante los siglos posteriores. Reorganizó la administración dividiendo el país en tres monarquías que fueron gobernadas por egipcios, si bien el mando militar quedó en manos macedonias. 

 

La conquista de las grandes capitales aqueménidas  

 

Las tropas persas se reagruparon y decidieron presentar batalla abierta en la llanura de Gaugamela (a orillas del Tigris) (331) en un intento por frenar el imparable avance de Alejandro hacia el interior del imperio. Alejandro consiguió de nuevo una aplastante victoria sobre Darío, que logró escapar otra vez indemne; aunque poco después (330) sería traicionado y asesinado por sus nobles.

En su marcha llegó a Susa, la capital del imperio donde se hallaba el tesoro real, cuya captura le reportó importantes recursos financieros. Conquistó después Persépolis, que destruyó. Alejandro quería demostrar con este gesto el fin del dominio aqueménida y anunciaba a los persas la implantación de un nuevo imperio.

A comienzos del año 330 se apoderó de Ecbatana, la última de las grandes capitales del imperio. En esos momentos licenció a las tropas griegas que habían figurado en la expedición como teóricos aliados, ya que Alejandro era el hegemón de la Liga de Corinto. Ahora empezaba una aventura de carácter personal y exclusivamente macedonia.

 

A partir de entonces comenzaron los momentos más difíciles de toda la campaña. Alejandro tuvo que marchar a través de un territorio montañoso y escarpado, donde sus hombres se veían sometidos a unas condiciones inesperadas, y donde sufrían frecuentes incursiones de las poblaciones nómadas, que les causaban numerosas bajas. Ante la resistencia y las considerables bajas, optó por imponer el terror a los sometidos mediante mascares y destrucciones masivas.

En el curso de esta etapa, Alejandro tuvo que abortar varias conspiraciones contra su persona que supusieron la ejecución de su historiador oficial, el griego Calístenes, y la de su general Permenión y su hijo Filotas. El descontento entre sus hombres iba en aumento. Los miembros del Estado mayor mostraban también su desaprobación ante la política de orientalización que Alejandro había puesto en marcha con la adopción de ceremoniales y costumbres de la corte persa, como la proskynesis, que consistía en la postración de los súbditos ante el monarca. 

 

La conquista de la India  

 

Alejandro preparó la campaña a conciencia, reforzando sus tropas con contingentes iranios y anudando relaciones diplomáticas con algunos de los reyezuelos indios que se mostraban más propicios a la sumisión. Será en la primavera del 326 cuando la expedición macedonia alcance el río Indo. Sin embargo, tuvo que afrontar una batalla contra el rey Poro junto a la ribera del Hidaspes, uno de los afluentes del Indo. La victoria le abría el camino hacia el este en dirección al otro gran río de la zona, el Ganges, pero sus soldados se negaron a continuar y le obligaron a regresar desde aquel punto.

Persuadido por la fuerza, erigió doce altares a los dioses sobre la ribera izquierda del Hífasis, que servían para marcar los límites de la dominación macedonia y constituirían un lugar emblemático de la geografía mítica griega. A partir de entonces, restauró las fronteras del viejo imperio aqueménida. Fundó ciudades y situó guarniciones en puntos estratégicos de la zona. Por fin, en el 325, emprendió definitivamente el regreso a través de tres rutas diferentes. Por tierra, marcharía Cratero por el norte con destino a Aracosia, y el propio Alejandro a lo largo de la costa oriental del golfo pérsico. Su finalidad era proporcionar apoyo logístico a la tercera parte de la expedición, que bajo el mando de Nearco, descendería por el río Indo hasta el océano y navegaría desde allí hasta la desembocadura del Éufrates. Los tres contingentes acabaron confluyendo en Carmania en el 325, donde tuvo lugar una gran celebración.

 

 

El instrumento de la conquista: su ejército  

 

El factor determinante del imperio persa por Alejandro fue sin lugar a dudas su ejército. Su base era la célebre falange macedonia que había creado su padre, Filipo II, tras haber tomado buena nota de las innovaciones estratégicas y tácticas de la falange tebana durante su estancia como rehén en la ciudad beocia. Filipo introdujo también su arma especial, la sarisa, una lanza de madera de cornejo de unos 4 m.

     Respecto a los componentes del ejército macedonio encontramos el cuerpo de los denominados pezetairoi que habría sido un cuerpo selecto de elite que formaba la guardia de palacio y que, entrenados después en la táctica de la falange, habrían constituido el núcleo germinal del que se desarrollaría el gran ejército macedonio. El nombre se extendió después a toda la infantería macedonia. Otro cuerpo importante eran los llamados asthetairoi, que correspondía a alguna de las unidades destacadas de la propia falange. Todos estos cuerpos y distinciones responden a la necesidad que tenía Alejandro de vincularse a los macedonios mediante estrecha relaciones personales a la vista de las dificultades que ensombrecieron su acceso al poder en medio de luchas dinásticas y territoriales entre los diferentes clanes que componían el reino macedonio.

     Otros importantes componentes del ejército son los denominados agrianes, la caballería, los aliados, los mercenarios y las tropas auxiliares. Los constantes refuerzos enviados desde Macedonia fueron capaces de renovar el contingente de la expedición tras el desgaste y las pérdidas que iban sufriendo en su avance. Además, Alejandro iría introduciendo reformas sobre la marcha, en una demostración más de su talento estratégico y táctico, que supo dotar a las operaciones militares en aquellas regiones apartadas de la flexibilidad y operatividad que requerían. 

 

Los últimos años  

 

Los últimos años de Alejandro no fueron fáciles. Por un lado, hubo de hacer frente a sucesivas rebeliones de los sátrapas locales, algunos de los cuales aspiraban a reinstaurar la dinastía aqueménida. Por otro, la política de acercamiento a la nobleza irania, que le había conducido a situar en importantes cargos a algunos de sus miembros, y a crear un contingente de tropas mixto, acabó por desatar la ira de los macedonios, que iniciaron una rebelión contra el rey en Opis. Pero Alejandro no abandonó sus grandes proyectos, y todavía tuvo tiempo de organizar suntuosas ceremonias de carácter simbólico, como las bodas de Susa, en las que todos sus compañeros contrajeron matrimonio con princesas de la nobleza irania.

Preparó también nuevas expediciones, como la conquista de la península arábiga. Sin embargo, en el 323, la enfermedad dio el golpe de gracia a Alejandro. Moría a la edad de 33 años en Babilonia. Su cadáver fue llevado a Egipto, y más tarde, enterrado en el Sema, gran mausoleo construido por Ptolomeo IV en Alejandría.

El inmenso territorio conquistado será dividido a su muerte entre sus generales, abriéndosse el período conocido como Mundo Helenístico. 

 

 

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