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La colonización griega

La colonización griega  se desarrolla en la Época Arcaica entre los años 700-550 a. C. La expansión de los griegos hacia tierras de ultramar es un fenómeno recurrente a lo largo de su historia. Se produjo en la época micénica, en la edad Oscura y se dará más tarde en la época clásica y en la helenística.  Bajo la forma política de la polis, se abren nuevas áreas que cubren el ámbito del Mediterráneo: Macedonia, Tracia y la zona de los Estrechos: Egipto y Libia; Sicilia y la Magna Grecia; y por último el sur de la Galia y la costa oriental de Hispania.

 

No parece que el calificativo de “colonización griega” sea el más adecuado para este fenómeno. Los propios griegos designaron a estas nuevas fundaciones con el término apoikia, que implica más el traslado de la casa a otro lugar que esa relación de dependencia que lleva implícito el término “colonia”.

Cada una de las nuevas comunidades mantenía además su independencia y autonomía respecto de la vieja metrópoli, a la que tan solo se mantenía unida mediante vínculos de carácter sentimental o religioso.

 

Esta colonización se inscribe en dos etapas: durante el primer período se suelen elegir los lugares de asentamiento en función de sus posibilidades agrícolas, mientras que en el segundo priman los motivos comerciales y estratégicos.

     Los colonos de estas colonias eran grupos de emigrantes que abandonaban su tierra patria e instalaban su hogar en el nuevo asentamiento, de aquí corresponde el término “apoikia”.

Pero lo común era que la ciudad fundadora era la que decidía el número de varones que creía conveniente enviar a la colonia. La designación de un “oikites” o “fundador” de la colonia y la atribución al mismo de las funciones y poderes necesarios.

El asentamiento destinado al comercio se llamaba emporión (“lugar de comercio”). No eran polis, y aunque debieron tener órganos administrativos, no está claro que fueran autónomos.

 

 

Entre los años 775 y 665 a. C. se produce una gran eclosión colonizadora, que ha venido a llamarse “primera colonización”. Abarcará dos grandes zonas: la Calcídica (península al norte de la actual Grecia) y sobre todo, Sicilia y sur de Italia (al que los romanos llamarían Magna Grecia). Se trataba de buenas tierras de labor y en algunos casos controlaban una excelente ruta para el aprovisionamiento de metales.

       Calcis, capital de la isla de Eubea, dio nombre a la península Calcídica y fundó las más destacadas colonias: Pitecusa y Rhegio, en Italia; Zancle y Naxos, en Sicilia; años después, Naxos fundaría Leontinou y Catania.

       Corinto fundó en Sicilia la colonia de Siracusa, con los años la principal ciudad griega occidental; y Megara, que fundó, no lejos de Siracusa, la colonia de Megara Hiblea.

         En el sur de la península itálica destacará Taras (actual Tarento), única fundación espartana (706) y poco después Síbaris y Crotona.

 

 

La llamada “segunda colonización” se sitúa entre los años 650 y 550 a. C. En esta etapa, algunas de las colonias fundadas en la primera etapa se convertirán en fundadoras; así, Cumas fundó Neapolis (Nápoles) hacia el año 600 a. C. y Síbaris fundó Paestum.

Esta segunda oleada colonizadora abarcó zonas tan dispares como el mar Negro (donde Mileto fundó más de noventa factorías), el norte de África y el extremo occidental (Galia e Hispania) que aún no había sido ocupado por fenicios y cartagineses.

En la costa mediterránea de África, merece destacarse Naucratis, fundada por Mileto a orillas del Nilo, de acuerdo con el faraón Amasis (570-526 a. C.)

       En el extremo occidental, Focea (localidad de Asia Menor) fundó Massalia (actual Marsella), colonia que a su vez, fundaría nuevas factorías entre Liguria y el norte de Cataluña, como Emporion (actual Empúries).

 

Motivos de la colonización

 

Aparecen diversos motivos, unos de índole personal y otros por cuestiones políticas, tanto internas como externas. En un período de crecimiento demográfico, la escasez de tierras cultivables y un régimen de propiedad fundiaria que concentraba la propiedad en manos exclusiva del primogénito provocaron la existencia de elementos marginales que no tuvieron otra opción que la salida al exterior en busca de mejores oportunidades. También hay que decir que la lucha por el poder en el seno de las aristocracias en los diferentes estados griegos ocasionó frecuentes luchas que provocaron un gran número de exiliados políticos. Por último, no hay que descartar a los simples aventureros que optaron por un enriquecimiento fácil en los países de ultramar.

 

Las tierras coloniales, no solo aportaban un medio de vida sino que ofrecían la posibilidad de configurar nuevas comunidades. Aunque lo frecuente era que se adoptaran las formas políticas y sociales de la metrópoli, la nueva fundación permitía configurar nuevas aristocracias, haciendo posible la promoción política, social y económica.

Aunque el motivo principal es el económico, ya que la metrópoli se encontraba en una difícil situación económica  y los emigrantes se vieron obligados a partir.

Así, la escasez de tierras (stenochoria) y la disputa por el poder en el seno de las aristocracias dominantes en los diferentes estados griegos ocasionaron frecuentes luchas internas que tuvieron como resultado un considerable flujo de exiliados políticos.

 

La colonia tiende a ser autosuficiente, de tal modo que el territorio de índole rural y el centro urbano situado en la costa y con orientación comercial son dos elementos que se complementan en la ciudad colonial. Esto demuestra que la fundación de la colonia tenía tanto una motivación en busca de tierras como un carácter comercial.

Zonas de expansión colonial

 

 

Mapa colonización griega

Las zonas elegidas fueron las zonas formadas por Sicilia y la Magna Grecia en la ruta occidental, y la península Calcídica, en la oriental. Durante este período colonizador se habían aliviado los desequilibrios sociales, las tensiones políticas y la falta de tierras y se habían explotado y controlado zonas concretas de la Italia meridional, de Sicilia y del norte del Egeo.

Las tierras del Mediterráneo eran ricas en plata, cobre y estaño, lo que llevó a los griegos a interesarse por esas tierras, en donde entrarían en concurrencia con fenicios y cartagineses.

 

 

Serán los foceos (griegos de Asia Menor ¿?) los que protagonizaron la colonización griega de la zona. Hacia el 600 a. C. se instalaron en Massalia (Marsella) donde controlaban la ruta comercial. Pronto se convirtió en un gran centro comercial, y los productos griegos se distribuyeron por la Galia meridional.

Pronto se establecerán en la Costa Azul los enclaves de Agate (Agde), Nicea (Niza), Antípodas (Antibes), y en la Península Ibérica, Ampurias y Rosas.

Durante el siglo VII a. C. Egipto vivió una presión de los reyes asirios sobre el país. Pero Psamético I liberó a Egipto de los asirios con ayuda de mercenarios jonios y carios, lo que hizo que la presencia griega fuera continua. Tras los mercenarios griegos llegaron los comerciantes, que fueron instalados en Naucratis, colonia griega ubicada en el delta del Nilo.

La ruta marítima que comunicaba el Mediterráneo oriental con el Mar Negro pasaba por dos estrechos, el Helesponto y el Bósforo, a la entrada y a la salida del pequeño mar llamado por los antiguos Propóntide (Mar de Mármara). El interés comercial que tenían las regiones asomadas al Mar Negro hizo que lso estrechos, verdaderas llaves de ruta, se convirtieran en enclaves importantes para los estados comerciantes. Dos ciudades intervendrán en la colonización de los estrechos y de la Propóntide: Mégara y Mileto.

 

La colonización griega de la cuenda del Mar Negro es posterior a la de otras regiones. Las zonas del Bósforo y las tierras occidentales del Mar Negro proporcionaban pescado y abundante trigo. Los bosques de Anatolia abastecían de madera. De las regiones de Tracia y del Cáucaso se extraían los minerales de cobre y hierro.

 

Oráculo de Delfos

La fundación colonial

 

Una vez adoptada la decisión de fundar una colonia, se procedía a la elección de un fundador – oikistes-, que se convertía en el líder de la expedición con plenos poderes. Solía tratarse de nobles con el prestigio suficiente para garantizar una expedición de esta envergadura. Se consultaba al oráculo de Delfos que dotaba de legitimidad religiosa a la nueva fundación y justificaba su apropiación de las tierras. La elección de los expedicionarios se llevaba a cabo mediante el sorteo, bien mediante una leva de carácter forzoso. Una vez establecida la nueva fundación acudían desde la metrópoli nuevos refuerzos que completaban la población de la nueva polis.

El siguiente paso era llevar a cabo dos actos rituales obligados como eran el sacrificio para obtener buenos augurios y el tomar el fuego del hogar sagrado de la metrópoli para trasladarlo a la nueva fundación.

 

Oráculo de Delfos. Lugar de consulta a los dioses, es el templo sagrado dedicado principalmente al dios Apolo. Éste oráculo tuvo una gran influencia en la colonización griega de las costas del sur de Italia y Sicilia. 

Se elegían tres tipos diferentes de emplazamiento: pequeñas islas frente a la costa, penínsulas o promontorios que sobresalían de ella, y lugares situados en la desembocadura de los ríos.

 

La fundación de una ciudad tenía unas implicaciones religiosas y debía hacerse bajo unos formulismos: la delimitación del espacio, la instalación de los altares y santuarios, la configuración de los cultos y rituales debían complacer a los dioses. La divinidad más importante era Apolo.

Por eso la autorización oracular era importante y que debía elegir el lugar donde habría de establecerse y también designar la figura del fundador, quien durante el viaje y hasta la materialización del asentamiento representaba a la propia divinidad.

La fundación de una apoikía no era otra cosa que el establecimiento de una nueva polis. Se establecía el culto al fundador a la manera del viejo culto heroico, se propiciaba su protección mediante ofrendas y sacrificios y se erigía también un santuario en los límites del territorio cuyo objetivo principal era delimitar el espacio cívico de la nueva ciudad frente al mundo indígena.

 

Una vez estructurado el nuevo espacio urbano y rural del asentamiento, de aquí en adelante, la colonia constituía un Estadp nuevo, que gozaba de una idependencia política total, asumiendo lso colonos la ciudadanía de la nueva comunidad. Esto no implicaba una ruptura total con la metrópoli sino que persistían unos lazos entre ambas. pertenecientes a linajes comunes, semejanzas de cultos y afinidad de las instituciones políticas. La conjunción de intereses comunes hacía que ambas mantuviesen relaciones estrechas.  

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